Qué visitar en San Javier

Museo Parroquial San Javier

En 1975 se comienza a formar la colección de objetos históricos que darían origen al Museo, por incentivo de vecinos y de la mano del entonces Cura Párroco Eladio Lovato. Años después se habilita la Sala que actualmente ocupa, y el 3 de Diciembre de 1981 se inaugura formalmente el Museo Parroquial de San Javier. Hoy mantenemos el espíritu original de los objetivos fundacionales del Museo, de promoción cultural, conservación del patrimonio y exhibición, sumando esfuerzos con quienes comenzaron a cuidar y a escribir la historia de San Javier. Una historia de casi dos milenios de antigüedad, cuyos últimos tres siglos constituyeron posiblemente el tramo más vertiginoso, desigual e intenso de la historia de nuestra región.
Ha ampliado su espacio a 3 Salas expositivas: Arqueología Originaria, Jesuitas y Mercedarios, y Franciscanos, y una galería fotográfica. El Museo se aloja en la Iglesia, ubicada donde se emplazó en el año 1745 la Reducción Jesuita-Mocoví del conocido Padre Florián Paucke.

Turismo rural

La actividad turística rural responde al creciente interés por el patrimonio natural y la cultura rural, por parte de aquellos que se han visto “privados” de su conocimiento y disfrute porque han nacido y/o viven en zonas urbanas.

Don Rafael
Ubicado sobre ruta Prov Nº 39 a 7,5 km. de San Javier,este establecimiento ofrece a quienes deseen disfrutar de un día diferente, en contacto con la naturaleza, realizar actividades rurales, las mismas que todos los días realizan nuestros productores de campo, descubrir la convivencia con otros seres vivos, degustar la gastronomía que de ella proviene, disfrutar la hospitalidad y humildad de la gente, su mate amargo, su habilidad para los trabajos en el campo y el manejo de animales de corral. Aprender a ensillar un caballo, cabalgar por el campo entre cañadas, pajonales y montes, en busca de los animales para arrear al corral, descubriendo una inmensa variedad de arboles plantas y pájaros que con recelo observan nuestro paso, sus típicos nidos y trinares melodiosos, algún ave de cañada, iguana o liebre que se mescla entre los pastos, siempre sorprende nuestro recorrido. Caminar la huerta, el gallinero, las ovejas o el monte de eucaliptus con espectaculares arquitecturas de nidos de cotorras, para terminar exhausto por un día distinto, habiendo roto el sedentarismo, sentarnos bajo la sombra de un árbol a tomar algo fresco o los amargos de siempre antes de un almuerzo o cena, saborear un sabroso asado o alguna comida típica, reunión en la que seguro saldrán preguntas, relatos y anécdotas de lo vivido.